Michael Keaton regresa al rol de padre en "goodrich": Función privada exalta la ternura de las segundas oportunidades.

 


El drama con corazón "Goodrich", protagonizado por Michael Keaton y Mila Kunis, fue presentado el pasado 13 de noviembre en una función privada para la prensa en la Sala Araya de Cines Unidos, dejando una impresión de ternura y redención entre los asistentes. La película marca un giro notable en la carrera reciente de Keaton, quien canaliza la vulnerabilidad de un padre forzado a crecer.

En la cinta, Keaton interpreta a Andy Goodrich, un galerista de arte afluente, blindado por el egoísmo y sus privilegios. Su vida da un vuelco inesperado cuando su esposa (Laura Benanti) ingresa a rehabilitación, dejándolo a cargo de sus dos hijos pequeños. El "castigo" de Andy es simple, pero profundo: tiene que aprender a ser padre, de verdad.

Un eco maduro del “Mr. Mom”

"Goodrich" ha sido definida como un eco maduro de la famosa comedia de Keaton, Mr. Mom (1983). Sin embargo, mientras aquella explotaba lo absurdo del rol invertido, esta nueva producción, dirigida por Hallie Meyers-Shyer (Home Again), opta por una exploración honesta y emocional.

La directora encuentra la humanidad en medio de la opulencia, logrando que la odisea de Andy funcione a pesar de su lujoso entorno. El proceso de Andy es torpe, pero sinceramente conmovedor.

La humanidad en los gestos sencillos

Keaton brilla al lograr que Andy sea profundamente imperfecto sin caer en la caricatura. Su arco emocional no se dibuja con grandes discursos, sino con toques suaves y gestos sencillos. La relación con sus hijos (Vivien Lyra Blair y Jacob Kopera) es el corazón de la película, donde momentos tan cotidianos como una noche de películas o una charla incómoda se cargan de significado.

Mila Kunis, como Grace, la hija mayor embarazada, aporta una necesaria nota agridulce. Su personaje es el reflejo del precio que Andy ha pagado por su narcisismo, generando una tensión latente con Keaton hecha de años de ausencia y cariño no expresado.

El guion de Meyers-Shyer evita el cinismo y se atreve a contar una historia de redención sin castigo, optando por la ternura sobre la farsa. En un panorama cinematográfico dominado por los antihéroes, "Goodrich" se siente como un respiro, recordando al espectador que madurar significa aprender a estar para los de


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